Mara Maestr@


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Publicado: Dom 03-02-08 18:32 Asunto: "Darwin-4" o la Fuerza del Destino |
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?DARWIN-4? O LA FUERZA DEL DESTINO
Escrito por E. F. L. Ochoa, en un artículo de ?El País?, artículos de ?Locura Cotidiana?
?Nadie puede predecir cómo una persona va a comportarse, a sentir, a reaccionar, pues cada ser humano escribe cada día su destino?
La libertad individual no es una ilusión: todos y cada uno de nosotros somos producto de nuestra experiencia, y no simples autómatas predeterminados por lo que está escrito en nuestros genes. Esto, en principio, puede parecer una verdad de Perogrullo, pero no es tal para los deterministas acérrimos, pues la polémica sobre este tema continúa, y en algunos casos al rojo vivo.
Nuestro cerebro no puede considerarse como un ordenador frío y programado, sino como un órgano susceptible de ser moldeado por la experiencia: nadie puede predecir cómo una persona va a comportarse , a sentir, a reaccionar, pues cada ser humano escribe cada día su propio destino, su propia historia. Todo esto y más cosas defiende últimamente el biólogo Gerald Edelman, con el apoyo del seductor neurólogo Oliver Sacks. Ambos, y sin ningún tipo de pudor, entonan entusiasmados un canto a la individualidad.
Según el doctor Edelman, aprendemos no mediante instrucciones ni diagramas preinstalados en el cerebro, sino a través de mecanismos de selección natural: todo el rato, y desde que tenemos vida, se produce una intensísima competición entre múltiples y diferentes grupos de células cerebrales que generan la sinapsis, es decir, las infinitas conexiones neuronales que nuestro cerebro crea a cada segundo. Y toda esta billonada de sinapsis ocurre únicamente como resultado de nuestra experiencia individual.
Pongamos un ejemplo: cuando un bebé intenta coger por primera vez un juguete y llevárselo a la boca, al principio no sabe cómo hacerlo: lo agarra espasmódicamente, se lo pasa de las manos a las piernas y de las piernas a los brazos sin ningún tipo de orden ni concierto, se le escurre por la cuna o por el corral y muchas de las veces termina por romperlo; de repente, y por azar, en uno de estos movimientos, el juguete cae casualmente a sus labios; es entonces cuando el cerebro se pone en marcha y refuerza el grupo particular de conexiones neuronales responsables del movimiento exitoso al tiempo que un mensajero químico las fortalece con el fin de que en un futuro, el bebé, cuando quiera llevarse a la boca otro juguete, su cerebro esté listo y con las instrucciones pertinentes.
Todo esto quiere decir que nuestro cerebro puede aprender todo tipo de habilidades, por muy complejas que sean, sin ningún tipo de asuntos genéticos prefijados. Y si no, que se lo digan a ?Darwin-4? , el robot creado especialmente para demostrar la teoría de Edelman y su equipo, y cuyo cerebro no es un ordenador convencional, sino que está diseñado genéticamente para simular los procesos de aprendizaje darviniano: con ensayos y errores, Darwin-4 es capaz de aprender con gran rapidez cómo responder a una luz brillante y perseguirla alrededor de una mesa, es capaz de sentir y distinguir los gustos agradables de los desagradables y además logra asociarlos a un determinado color, es capaz de discriminar formas y muchas cosas más. De esta manera, Darwin-4 se carga en parte el poder de la genética y nos viene a decir que el peso de nuestros antepasados no cuenta demasiado, que lo que vale es el aprendizaje, el ambiente, la experiencia. ?Esto es una teoría, y todavía no está aceptada. Pero, como todos los teóricos , creo que mi teoría es la correcta, hasta que se demuestre lo contrario?, dice Edelman, 20 años después de haber ganado el Premio Nobel por demostrar que el sistema inmunitario también funciona según los principios darwinianos. Lo que pasa es que a los que pertenecemos a familias numerosas y hemos vivido el mismo ambiente y soportado las mismas experiencias nos consta que esta teoría no
funciona del todo. Puede ser tan falsa como su contraria. Lo que sí es verdad es que uno tiene lo que le ha tocado y , desde ahí, lo que sí se puede es desarrollar el cerebro al máximo o dejarlo amuermado.
Que todos somos un producto biográfico , cultural, era ya un realidad antes de que viniera Darwin-4 a demostrarlo; pero, al igual que este robot no es un robot cualquiera , sino que tiene como cerebro a un ordenador muy particular, genéticamente programado,
cada persona nace con una base genética determinada, heredada de sus antepasados, y esta genética va a dialogar constantemente con su experiencia imponiéndole sus reglas, lo quiera o no. Ahora bien, es un gran respiro que eminencias como Edelman constaten en estos días la existencia de un margen de libertad lo suficientemente amplio como para tener la certeza de que cada ser humano es dueño de su vida y, sobre todo, que su cerebro tiene la fuerza suficiente como para encargarse del diseño de su propio destino. Y si no la certeza, la ilusión. |
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